03 junio 2008

AMOR DE MADRE (Reflexiones)

Da igual en qué hemisferio, en qué familia, en qué status social, bajo qué fe... Las madres siempre dedican idénticos cuidados a sus pequeños. Si hace frío, una madre, ya sea musulmana, china o española, siempre ejercerá con ternura pero impertérrita, su labor de atar botones o cremalleras para evitar que su polluelo se acatarre o resfríe. El niño en su papel de hijo, ya sea musulmán, chino o español, iniciará también su particular declaración de principios con protestas, pataleos y rabietas contra esa acción amorosa. Y por supuesto sus quejidos alcanzarán la misma intensidad decibélica que la de sus iguales, sean estos de la nación que sean o pertenezcan a la creencia que pertenezcan.


Y es que el amor de madre, si uno tiene la suerte de vivirlo en propias carnes, está impreso en el código genético y sí digo bien implícito pero también impreso (las manos son como el papel donde figura el membrete de cualquier compañía, pero en este caso se trasluce en cada gesto o leve movimiento de ellas quién es madre y quién no. Son como el sello distintivo). Por eso ningún hijo, por más que lo pretenda a veces, podrá escapar a ese abrazo o a esos besos ante amigos y amigas o ante quien sea. Otro tanto sucede con esas frases que las madres lanzan como dardos, cuando uno ya adolescente o a pesar de ser ya adulto, se ve sometido al tercer grado como un malvado delincuente, con una batería de preguntas del tipo: " ¿Dónde has estado?", "¿Con quién?", "¿Y qué hacéis hasta esas horas?"


No obstante, eso no es lo peor. Lo que más suele abrumar a uno, es esa manía de poner bien los cuellos de las camisas o de las chaquetas una vez vestido. Para qué o por qué, sólo ellas lo saben. Eso sí el sumum o top ten de este ránking lo constituye en mi modesta opinión, ese gesto tan característico de untar sus dedos en saliva para quitar alguna mancha de la cara o para peinar el maravilloso flequillo rebelde que tanto te gusta y que confiere un toque personal.

2 comentarios:

Sechat dijo...

A raíz de observar desde la ventana del trabajo, el tiempo se ha detenido y me he visto arropada por el abrazo amoroso y a veces opresor de mi madre ji,ji.

Ananda Nilayan dijo...

Y no olvides que las madres se untan de crema y lo que sobra, no se sabe por qué, acaba a restregones en tu cara!!! Hasta luego.