04 septiembre 2008

La gran aventura de Edwit


Era ya mediodía cuando despertó. Notó algo extraño en el ambiente, pero no supo identificarlo. Bajó las quejumbrosas escaleras que llevaban directamente a la cocina en la planta baja y ahí sus sospechas se reavivaron. Era raro que ni Madix ni Porlan estuvieran junto al hogar ultimando los preparativos para la fiesta de esa noche, y que hubieran olvidado dejarle ni tan siquiera una nota. Retiró la cortina y asomó la mirada por el estrecho ventanuco, tampoco afuera había nadie. Todo estaba desierto. No se oían risas, ni pisadas, ni voces, ni ruidos, ni pájaros, sólo ese imperturbable silencio…

-Escogió un puñado de apetitosas cerezas, las lavó cuidadosamente y regresó escaleras arriba. Colocó con descuido las sábanas sobre la cama sin apenas orear la habitación y nuevamente se dirigió hacia la planta baja; esta vez lo hizo deslizándose por la barandilla. Erró al calcular el impulso y se golpeó cayendo al suelo desmayada.
(…)
Frotó la zona dolorida con su minúscula mano y asombrada descubrió el tamaño de ésta respecto a su cabeza. En un principio pensó que quizás se había producido algún tipo de inflamación, pero su instinto le previno indicándole que era mucho más que un simple chichón.
A duras penas logró alcanzar el espejo del pasillo, arrastrando consigo ese enorme lastre sobre sus hombros. Cuando consiguió, tras más de diez intensos minutos de lucha con su propio cuerpo, incorporarse, temió volver a precipitarse de nuevo al suelo, puesto que su cuerpo no respondía a las órdenes que enviaba el cerebro. “Todo esto es absurdo e imposible. No puede estar sucediendo”-pensó.
Su pequeño cuerpo se bamboleaba de manera incontrolada de lado a lado de la estancia, como una rama agitada por el viento. La cabeza se movía insistentemente hacia abajo y adelante debido a la fuerza de la gravedad o hacia abajo y atrás con el consiguiente peligro de una nueva caída. Edwit se sintió aterrada. Insistió en pegarse a la pared, para que ésta sujetara en parte aquella enorme cabeza que no le pertenecía y que parecía cobrar vida propia cada vez que daba un paso. Pensó en gritar, pero si nadie había acudido en su ayuda tras el enorme estrépito que había causado ya, tras tropezarse con todo tipo de objetos y muebles, lo más probable sería que nadie viniese en ese momento tampoco.
Paradójicamente le dolía la espalda, principalmente la zona superior pero no en cambio, la cabeza. El dolor se iba agudizando a medida que pasaban los segundos, hasta que se hizo tan terriblemente insoportable, que cayó de nuevo contra el piso a causa de alguna suerte de colapso orgánico interno.
(…)Recuperó la consciencia paulatinamente y aunque el dolor había remitido, la visión de la casa desde ese ángulo fue la certeza que todo aquello estaba sucediendo y no era una de sus extrañas pesadillas. Antes de correr el riesgo de un nuevo mareo o un nuevo golpe o rasponazo, se tocó otra vez la cabeza. Quería comprobar el diámetro, para decidir cómo actuar para pedir ayuda.
(…) El sol estaba ya muy bajo, entonces y calculó que había estado varias horas tendida en el suelo sin que nadie hubiera acudido a socorrerla. Su preocupación por lo que estaba pasando con su desmesurada cabeza, se unió a la inquietud por lo que podría haber sucedido a sus padres para estar ausentes durante tiempo sin haberle avisado. Edwit no era de la clase de chicas que dependiesen para todo de sus mayores, pero sí era extraño que ellos no estuvieran allí y que a ella le estuviera pasando todo aquello. Consciente de la gravedad de la situación, decidió actuar… Rebuscó en el bolsillo interno de su chaqueta y cogió con fuerza el pequeño objeto plateado. Sopló con todas sus fuerzas sobre la boquilla y en unos instantes un enorme cisne blanco apareció junto a la estrecha ventana de la cocina, justo frente a la puerta junto a la que se hallaba inmóvil. Sonrió agradecida al verlo.
Dado el enorme tamaño del animal éste no podía entrar en el pequeño tronco semienterrado donde vivían Edwit y los suyos; pero la fiel e inteligente mascota enseguida comprendió la alarmante situación en la que se encontraba su pequeña amiga y golpeó insistentemente la ventanita hasta romperla. Ni siquiera se asustó por el corte sobre su plumosa cara provocado por uno de los cristales. Simplemente introdujo su cuello hasta que asió a Edwit por la chaqueta y la posó con sumo cuidado sobre la cesta de viaje que llevaba a su lomo. Así era Wölg reservado, pero sobre todo leal.
No hizo falta más. El cisne emprendió el vuelo directo hacia el Bosque de Northwood. Su objetivo era claro: el doctor Servild debía ver cuanto antes a Edwit y curarla. En circunstancias normales llegar hasta allí hubiera llevado al menos dos horas de vuelo, pero la emergencia animaba al animal a volar cada vez más deprisa.

9 comentarios:

Sechat dijo...

En realidad este texto era para un concurso cuya convocatoria ya se cerró. Me quedé atascada y no sé por dónde continuarlo. En fin... por no borrarlo, lo publico aquí. Espero que se me ocurra cómo seguir con la historia y que me convenza, claro. Un saludo a quien lo lea.

Ananda Nilayan dijo...

Cualquier día te inspiras y lo terminas. Saludos y buen día!!!

Esther dijo...

Muy original tu historia y chula.

El amor de las mascotas... ...si es que ellos son, en general, de los mejores amigos: no nos harán daño ni nos fallarán.

Suerte con la continuación.

Saluditos.

Rafael dijo...

Yo conocí a Picasso siendo un adolescente. Fue una mañana, en una playa casi desierta del sur de Francia. Él dibujaba en la arena maravillosas composiciones que, al momento, las olas se encargaban de borrar. No hagas tú lo mismo, sechat. Espera que alguna musa te inspire el final y publícalo íntegro. Enhorabuena por la labor que haces, animadora de la palabra.

Sechat dijo...

Gracias a todos/as por estar al otro lado animándome y porque sin todos vuestros comentarios este blog como tantos otros, no tendría sentido. Gracias especialmente Rafael. He intentado ver tu blog, pero no está visible.

Rafael dijo...

No tengo blog, sechat. El pánico escénico me puede. Quizá me anime a hacerlo..., que es una buena terapia contra la soledad. Si lo hago, tú serás la primera en saberlo. Gracias a tí, mi consonante favorita.

Metalsaurio dijo...

Lo mejor que he visto escrito en internet últimamente.

Muy bueno :)

Sí la continúas, genial. Si no, así está perfecto.

Sechat dijo...

Metalsaurio: Se agradece, pero tus elogios son desproporcionados. Hay auténticas maravillas. Moira y tú escribís pequeños regalos para los sentidos, Esther (tuve la suerte de descubriros de casualidad y me alegro de haberlo hecho)... También Ninive, Tormenta, Sara (en general todos los cuentacuentos.) Quiero continuarla, tengo una idea general, pero se me escapa el modo en que quiero plasmarlo... Un saludo, por cierto echo de menos tu relato de la semana.

rober dijo...

Gracias por el saludo. Una pena que no lo hayas terminado aun, por suerte siempre hay tiempo, y te digo que empieza tan bien que me tienta el continuarlo. Pero es solo una tentación.
rober