28 diciembre 2008

MALTRATO

Las vecinas del pueblo murmuraban sin disimulo al verle. Incluso sus amigos peleaban con él sin ganas aquella tarde, como si supieran que algo iba a cambiar su vida. Por eso al terminar las clases no esperó a nadie. Montó en su bicicleta y no dejó de pedalear hasta llegar a casa. La posó contra la pared del cobertizo y echó a correr escaleras arriba llamando a sus padres.

El silencio se adueñó de su garganta. Tendida sobre la cama, inmóvil como una estatua de alabastro, encontró a su madre (o al menos eso dijo la policía horas más tarde). Aquella sólo era la figura de una mujer con la misma edad y cabello que ella, pero con una mueca grotesca que él no reconocía. Quiso hacer mil preguntas, pero vio a su padre y recordó los gritos y peleas. Entonces supo la verdad. Y lloró… lloró como nunca.
(SECHAT)

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