29 diciembre 2008

SANGRE INOCENTE

Sobre la encimera de la cocina unas tijeras metálicas, manchadas con sangre, contaban al mundo lo sucedido. Sin piernas que les permitieran huir de las acusaciones, pugnaban por camuflarse en el color gris del mármol sobre el que estaban posadas, deseando purgar cuanto antes sus culpas bajo el grifo del fregadero.

En el comedor los invitados platicaban sobre trivialidades, ignorantes de lo que sucedía a unos metros de ellos.

Tendido, el cuerpo en carne viva, denunciaba la injusticia que se había cometido con él. Fuera las risas iban en aumento, mientras en la cocina se hacía el silencio… Un silencio casi palpable. Después el muerto fue arrastrado a una especie de caverna. ¿Luego? sintió mucho calor… ¿pueden los muertos sentir? Entonces debió perder la consciencia. Mejor así… El camarero entró al comedor y mostró sin reparos el cuerpo del conejo: plato central de la velada.

(SECHAT)

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