23 junio 2009

Año 2362

Este relato es la versión larga del microrrelato con el que participo en uno de los retos del Foro de Nuncajamás. Me gusta más ésta, pero tenía que prescindir de un total de 30 palabras.

Año 2362


Cientos de tarros de cristal, de todos los tamaños, se hacinaban en baldas que bajo el peso amenazaban con caer al suelo en cualquier momento.

No eran buenos tiempos para la magia blanca. La humanidad había colonizado Marte y ello había repercutido en el movimiento migratorio. La Tierra progresivamente se había convertido en un inmenso erial; siendo poco los que por miedo, vejez o costumbre, habían decidido quedarse.

Ella lo había hecho porque se sentía en deuda con la madre tierra. Allí estaban: el comino, la albahaca, el romero, el clavo, la pimienta, el tomillo, el azafrán… recordándole tal generosidad.

El Gobierno había sido tajante: nada de animales, ni plantas; había de evitarse la introducción de especies que invadieran el hábitat marciano. Ante eso Jün lo tuvo claro y siguió con sus especias y plantas, que lejos de la creencia popular, tenían más utilidades que aderezar las comidas.


Si te gusta lo que lees aquí, disfrútalo por favor desde el blog pero no lo copies. Si lo hicieras dañarías mi propiedad intelectual. Gracias.

5 comentarios:

*Sechat* dijo...

Como siempre tengo problemas, para poder separar bien los párrafos, por más que edito y reedito la entrada. En fin... espero que os guste.

Athena dijo...

Me gusta mucho. ¿Porqué será que a algunas personas nos influye tanto el tema de la magia (en su más amplio espectro)?

Anónimo dijo...

MAAS, MAAAS, MAAAAS!!!
Besos desde Fuenla

Maat dijo...

Coincido plenamente con el último comentario! ;P

*Sechat* dijo...

Gracias Athena, gracias Maat y por supuesto a tí, Moni, son muy pocos los que se prodigan por aquí. Lo siento pero la ideé como historia corta y así se queda, Maat.