18 agosto 2009

LA CAJA DE PANDORA

La he visto hace más de un mes y medio, pero me gustó gratamente. Es poco habitual que me complazcan las películas poco comerciales que suelo ir a ver con mi amiga Raquel, pero ésta es una de esas raras excepciones que empiezas a ver con pocas expectativas y que cuando acaban te dejan un regustillo amargo, porque se han terminado antes de lo que hubieras querido.


La película, que seguramente pasará sin pena ni gloria por taquilla, y que para cuando leáis esto es más que probable que ya no esté en cartelera, vino tras varias semanas de contínuos éxitos: Ángeles y demonios, Terminator Salvation, Los hombres que no amaban a las mujeres... Y la verdad es una pena, que pequeñas joyas de cine independiente como ésta, queden relegadas al olvido porque su reparto no cuente con los últimos actores de moda o porque su director tenga un nombre que resulta impronunciable: Yesim Ustaoglu.
Afortunadamente en el Festival de San Sebastián se reconoció el valor de la cinta y se premió con la Concha de oro a la mejor película y Concha de plata a la mejor actriz.

La trama de una llaneza increíble, capta desde el principo la atención del espectador que siente de inmediato empatía hacia alguno de los personajes, especialmente por la madre de los hermanos cuarentones.

La historia comienza cuando la anciana, desaparece de su casa en las montañas sin dejar rastro. La noticia les cae como un jarro de agua fría y coincide con la circunstancia de que el nieto mayor de la anciana, e hijo único de la mayor de sus hijas, ha decidido marcharse de casa. El viaje hacia la aldea en el coche desata las discusiones entre las tres formas diferentes que tiene cada uno de los tres hijos de la anciana de afrontar la vida. Se dan cuenta entonces de que siendo hermanos son tres grandes extraños y que el mayor nexo de unión hasta el momento había sido su madre.

La historia es dramática, pero con ciertos momentos de ternura que relajan al espectador y que incluso despiertan en él la sonrisa. Sobre todo cuando la anciana es llevada por turnos a las casas de cada uno de sus hijos y estos tienen que amoldar sus vidas a la atención y cuidados de su madre.

Una historia simple que llena y que llega con efectividad a quien la ve. Merece la pena conocer a Nesrim, Güzin y Mehmet y cómo la irrupción de su madre en la ciudad trastoca sus vidas.



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