17 septiembre 2009

La parca

Desde un rincón en blanco y negro la vida se desdibuja. Mis nudillos ensangrentados son la nota de color que falta al lugar. Sin ropas que tapen mi carne, doy lástima a quien me mira. La cordura me abandonó hace tiempo y los alaridos son mi único lenguaje.


Hace años que no recuerdo mi nombre, pero vagas imágenes deambulan por mi cabeza y me muestran un rostro feliz y lleno de luz. No me reconozco en ellas: ahora tan sólo me veo como un guiñapo.


La parca ha llegado. Viste de negro y se oculta tras él. No tiene sombra, pero en su avance la oscuridad se cierne alrededor. Sé que viene por mí, aunque no comprendo sus palabras. No sé si eso que menciona es mi nombre, ni si habla mi idioma. Las imágenes vuelven de nuevo a mi mente y desbocan mi alegría. Sé por fin quiénes son los que ríen, sé por fin cómo me llamo. Río a carcajadas y la sangre de mis manos brota con más fuerza.


Ella se acerca. Me estrecha en su frío abrazo e invoca con su hediondo aliento volutas de escarcha que empapan mi cuerpo y cabellos. Desde mi cabeza un joven sonriente me tiende una mano. Cierro mis ojos y tiemblo. Muero confiado en estar contigo de nuevo. Ese rostro que veo y que nunca me ha abandonado… lleva tu luz, lleva tu huella.

1 comentario:

*Sechat* dijo...

En mi cabeza comenzó siendo un poema, pero se me ocurrió a altas horas de la noche y esta mañana se había volatilizado, por más que he estrujado mis neuronas para sonsacarlas. En fin, éste es el resultado final.