29 noviembre 2009

DIARIO DE UNA DESDICHADA: PETICIÓN DE AYUDA

Este relato está dedicado a todas las mujeres que sufren cualquier tipo de maltrato. Es por supuesto extensible a toda situación de abuso. ¡Por favor, si sufres unas situación similar o sabes de alguien, hombre o mujer que la esté padeciendo denuncia!

Las cifras del horror que vivo a diario bailan en mi cabeza y embalsaman mi cuerpo con el aroma de los afeites del miedo y el dolor de los golpes que caen sobre cada uno de mis músculos.

Veinticinco días han transcurrido de este mes y en todos ha habido insultos, desprecios, pánico por mi vida y lloros. Hace tiempo que la vida se me hace tan cuesta arriba que arrastro mis pies por la casa como uno de esos reos de las películas antiguas que porta cadenas en sus tobillos. Mis ojos son la cárcel de la alegría que se disipó en el olvido; mientras mi boca, con labios y dientes partidos, es la jaula de mi sonrisa marchita. Escondo mis curvas bajo capas y capas de ropa a petición de él. No llevo burka, pero estos ropajes ocultan de igual manera mis formas y extinguen mi feminidad bajo su peso y su mansa oscuridad.

A menudo me fuerza y me pide que me ponga ropa atrevida; lo pide entre risas, pero me aterra el sonido de esas carcajadas, porque es el de una bestia… y respondo a sus deseos a disgusto. No me agrada tampoco mi nombre pronunciado por él: cualquier palabra que sale de su boca suena a mentira o a blasfemia. Asustada accedo a sus ruegos y al hacerlo dejo de ser yo misma, pasando a ser la marioneta que él manipula con sus palizas y sus promesas de cambiar que incumple por sistema.  Me despojo de mi prisión de ropa y dejo al descubierto no sólo mi cuerpo, sino parte de mi alma. Y me convierto con ello en un travesti de sentimientos que besa los labios y el cuerpo de un amo que le somete, pero sólo lo hago por eso… por miedo. Los recuerdos felices se me agotaron a base de tratar de reconquistarlos en mi memoria una y mil veces para escapar de esta agonía, y cuando los recupero están tan gastados que no mitigan ni el asco que él me inspira con su aliento a alcohol, ni el daño que me ha infringido a lo largo de los años. Por eso cuando tiene sed de sexo trato de evadirme mirando a algún punto fijo del techo o de la pared; aunque observar la pared no me reconforta, porque allí pende el chivo expiatorio de mi desgracia en forma de calendario.

Entonces las lágrimas brotan de nuevo de mis ojos sin brillo y riegan mi rostro con su cauce inconsolable. En otras casas los calendarios  anuncian fechas felices; en la mía cuentan los días que he sobrevivido a sus golpes y vejaciones, y los días que quedan por llegar son la triste noticia de los puñetazos, huesos rotos y  moretones que se superpongan a estos que ya tengo. Quedan treintaicinco días para el fin de año, pero no sé si yo dispongo de tanto tiempo.

3 comentarios:

*Sechat* dijo...

Como ya sabeis el día 25 de noviembre es El día contra la violencia hacia las mujeres. Una triste fecha que sería mejor no tener que colocar en el calendario. Desde aquí mucho ánimo a todas esas mujeres que no saben si llegarán al día de mañana. Un beso a todas.

Felix Casanova Briceño dijo...

Sechat...

Como bien dices, no habría ni que colocarlo en el calendario, sería buena señal. Muy buen relato. El final me sobrecogio, porque puede que ahora mismo muchas mujeres lo esten sufriendo. Gracias.

Un beso, y que tengas feliz semana.

Anónimo dijo...

Ufffff, los pelos de punta es decir poco.
Es muy triste saber que hay muchas mujeres y muchos hombres sufriendo la sin razón de una pareja con una autoestima tan baja que si no es maltratando y menospreciando a alguien no son nada.
Hay que acabar con esas cucarachas.
Besis desde Fuenlis