17 noviembre 2009

MUERTA EN VIDA

Arrastraba sus pies pero no por desidia, sino porque la vida a veces es la peor de las agonías. Su mugriento harapo que ella llamaba abrigo, pendía de su cuerpo como un colgajo hediondo que parecía marcar la frontera entre la vida y la muerte. Bajo ese manto sombrío, informe, deshilachado y remendado mil veces, estaba la cara de la tristeza y fuera de él, alrededor, todo era dicha y felicidad.




Husmeaba en los contenedores con ayuda de un bastón al que había colocado parte de un vidrio roto, tratando de pescar. Pero sus ojos febriles y sus escuálidas manos no tenían hambre de comida; sino de sonrisas, amigos y tal vez de un abrigo nuevo que la liberase de esa penuria a la que había sido arrojada cuando su empresa se declaró en bancarrota, dejándola en paro y el banco le expropió la casa en el plazo de unos meses.










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4 comentarios:

*Sechat* dijo...

Llegué un pelín tarde al último reto de microrrelatos de Nuncajamás en que se nos pedía un micro que conmoviese, no sé si con éste lo consigo, pero prefería colgarlo por no mantenerlo en el olvido. Un abrazo.

Montxu dijo...

Muxus, chiquilla.

AdR dijo...

Es lamentable que mucha gente esté en esa situación, a mí no se me olvidará una vez que vi en Sevilla a un señor revolver entre la comida de la basura, en pleno centro, a plena luz del día, y en una época en la que no había crisis, supuestamente.

Besos.

Onminayas dijo...

Esta es la historia de los nuevos pobres: personas que hasta ahora han gozado de un nivel de vida que al menos les permitía mantenerse, y que con la crisis han quebrado en todos los sentidos. Lo has retratado bien.

Besos, Sechat.