02 diciembre 2009

LA BANDERA DE LAS MENTIRAS

Los hombres mostraron bandera blanca y se encaminaron sin miedo hacia la ciudad que trataban de conquistar. Los mandatarios les abrieron las puertas de la villa sin reservas. Acogiéndoles, como un padre a un hijo, tras años de ausencia.



A la noche, durante los festejos, abundaron la comida y la bebida. Los recién llegados, se ganaron la confianza de sus anfitriones y se ofrecieron para velar por la seguridad de los habitantes. La alianza duró años.

Al cabo de mucho tiempo, aquellos mismos hombres que se habían entregado bajo la pureza de la bandera blanca, aprovecharon el aniversario de aquella otra noche, ya lejana en la memoria, para llevar a cabo su venganza: mientras la mayoría se divertía, saquearon las viviendas e incendiaron casa por casa. Aprovecharon el tumulto para huir sin dejar rastro. Respetaron las vidas, pero no fueron hombres de palabra.






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4 comentarios:

Daniela dijo...

Me encantó el tono de este microrrelato, Sechat, Un abrazo...

*Sechat* dijo...

Gracias Daniela. Es un placer tener visitas por aquí. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Arderán Troya y los troyanos... bueno, los troyanos no.
Besitos desde Fuenla.

Esther dijo...

¡Uff! Eso sí que es ojo por ojo y diente por diente.

Saluditos.