13 febrero 2010

LA ROBLA. RECUERDOS

Imagen de la web www.ketari.nirudia.com

LA ROBLA. RECUERDOS

El exterior me parece un mundo ajeno. Los recuerdos compungen mi corazón… añoro los tiempos pasados. Supongo que siempre he tenido alma de vieja. Hoy camino de Guardo, me siento más que nunca como la estatua sobre la que se posan palomas, sin poder moverse para espantarlas. Así me sucede con los recuerdos: quisiera borrarlos de mi memoria, pero permanezco inmóvil; porque el dolor de retomarlos me hace sentirme viva y es la única forma de que ellos me retengan junto a ti.

Con frecuencia echo de menos esa ilusión de antaño hecha ceguera, en que no me importaba recorrer kilómetros y kilómetros desde Bilbao para reunirme contigo. Éramos jóvenes; hoy en cambio, mis huesos protestan quejicosos al más mínimo movimiento. “Son los achaques de la edad”, me dice el médico y salgo de consulta con la sensación de que tengo muchas cosas pendientes de hacer y mentalmente confecciono una lista en cuanto salgo del ambulatorio.

Y ya a ves en pleno temporal de febrero, me he montado en el viejo tren de La Robla, “El hullero” como le conocíamos, para que el olor a montañas contagie mis cabellos ya canos del frescor que impera en ellas y para que el sabor del mar se me adhiera a la garganta. Aunque el traqueteo del tren viejo era más romántico, la ventisca que entra por la ventanilla (ligeramente bajada) me trae esas sensaciones insustituibles que quiero llevar conmigo siempre y de las que nunca nos cansábamos.

Las lágrimas emborronan las imágenes y no sé si lloro de pena por el pasado o por el frío que además provoca volutas de vapor cada vez que respiro.

Hemos dejado atrás hace rato Espinosa y Arija, y mi corazón intuye la proximidad de Guardo: allá, traspasados varios miles de colinas y curvas que voy tachando mentalmente en la cuenta regresiva que me mantiene expectante por ver cómo está aquello ahora.

Quiero pensar que en el andén estarás esperándome con tu sonrisa prendida en la solapa de tu boca y con los brazos bien entrenados para esos abrazos que no saben igual en los estrujones de otras personas.

Puede que me hayas olvidado. Sí, estoy segura; lo habrás hecho. Tal vez ni siquiera vivas ya en Guardo o que tu aspecto sea tan distinto al de entonces, que aunque nos crucemos, seamos incapaces de reconocernos. Y aunque no fuese así qué podríamos decirnos después de tantos años y tantas vidas duplicadas reviviendo con otros, lo que cuando nos conocimos nos pareció eterno e incombustible.

Dos días después

Luis espera en el andén aterido de frío. Frota sus manos tratando de calentarlas.  La mirada ausente. Un recuerdo huye en forma de lágrima... consiente que lave su rostro para sentir ese maravilloso dolor por los momentos irrecuperables que vivió en ese mismo apeadero hace tanto. Por eso está ahí: hoy es el cincuenta aniversario de la tercera espera que hizo en aquel lugar; la más importante para los dos, la auténtica. Es un dolor con sabor a morriña. Le cuesta recordar con nitidez qué ha comido o qué ha hecho esa misma mañana; pero ha vivido marcado por la eterna presencia de esa mujer en su recuerdo.

Sonríe disimuladamente al rememorar las pequeñas discusiones que tenían. Eran riñas tan inocentes que siempre acababan riéndose y cogidos de la mano o del brazo. No sabe qué espera exactamente después de tanto tiempo, pero necesitaba acercarse hasta estas vías.

El tren llega puntual. Hoy lo hace con menos gente o así se lo parece. Busca entre los pasajeros esos inolvidables ojos que le contaban todo en un pestañeo, pero el tren deja a sus viajeros y sigue camino. Se siente desolado y absurdo. Permanece por unos minutos más, observando a los recién llegados.  Se gira para regresar a casa. Pisa un papel y éste cruje bajo su suela. Lo echa un vistazo: “Querido Luis” comienza. Lo toma por una broma macabra, pero aun así prosigue leyendo: “Cuando leas esto, yo ya estaré muerta”, sus manos tiemblan: ” (…)pero si este papel llega a tus manos, es porque Dios me habrá concedido un último deseo (…)”. A duras penas llega a la firma. Simplemente… llora.

Si te gusta lo que lees aquí, disfrútalo por favor desde el blog, pero no lo copies. Puedes leer más escritos míos en mi otra bitácora: www.mimundomiburbuja.blogspot.com Respeta mi propiedad intelectual. Gracias.

9 comentarios:

*Sechat* dijo...

Éste es el relato para el duodécimo reto general del taller de Nuncajamás. Por supuesto quien lo desee, está invitado a ser un nuncajamasiano y disfrutar de los relatos de los demás participantes y con más motivo a presentar sus creaciones para los retos o en el blog. Un abrazo.

P.D: Se nos pedía un relato de amor excluyendo los verbos amar y querer. Las palabras: caricias, besos, enamorarse.

Carlos dijo...

Es precioso Sechat, no es solo un viaje a Guardo, sino en el tiempo.
Y para mi mismo en el recuerdo, encrucijada de caminos hacia Panes, hacia Potes, hacia Euskadi y como decía mi tio el sur se halla tras la niebla.
La emoción es la tinta del alma y esas lágrimas la escribieron muy bien.
Un abrazo!

Balovega dijo...

Hola..

Muchas gracias por pasar por casa y dejar tu comentario.. vengo ahora que puedo a curiosear y decirte que es un relato precioso y triste.. espero que ganes..

Un saludo del día de la amistad y del amor.

*Sechat* dijo...

Carlos: me alegra que te guste. Siempre he oído hablar con cariño de esa línea de ferrocarril de boca de mis padres y tíos. Necesitaba hace tiempo escribir una historia que transcurriese entre Bilbao y La Robla. Besos.

*Sechat* dijo...

Balovega: Gracias a ti por tu presencia, tu comentario, tu lectura y tu saludo. Te leo. Un abrazo.

Nia dijo...

Bueno, pues estaremos encantadas de tenerte como otra más perdida entre el blog!! ^^ No es cuestión de saber de informática, sólo un poquito de Css. Maisha se cuida de colocar cada cosa en su blog y yo de los diseños del Photoshop, cada una ponemos un poquito de lo que sabemos y va saliendo, pero no es difícil, de verdad. Aún le queda mucho para ser profesional como tu dices! De nuevo, muchas gracias por pasarte por allí!!

Esther dijo...

Qué triste :( pero, así me gustan los amores, eternos. Para mí son los mejores, aunque esto es muy triste tb... el que tb la vida les separara... es triste pero, hay que aprender a vivir con ello.

Saluditos.

*Sechat* dijo...

Nia: No seais modestos, de verdad que el resultado es una auténtica maravilla. Tendré que aprender cosas sobre el código CSS. Un abrazo.

*Sechat* dijo...

Esther: Es triste sí, tenía intención desde hace tiempo de escribir algo que sucediese en ese tren, pero no es lo que esperaba inicialmente. Un abrazo.