02 marzo 2010

Relato para el decimotercer reto del foro de Nuncajamás

EL ENGAÑO

Me dirijo a la subplanta 37, al módulo 356 A, del barrio conocido como El patio de recreo, al suroeste de la ciudad. A medida que desciendo el aire se enrarece dificultando el avance (los niveles más alejados de la luz solar son los más pobres en todos los sentidos). La cabeza me duele y siento mis oídos a punto de estallar. Nunca me acostumbraré a estas molestias por la falta de ventilación. Saco la mascarilla de oxígeno y respiro con fruición el escaso bien. Pronto habré de recargar la batería de mi bombona que presenta el depósito casi vacío. Supongo que tendré que acudir al dispensador al otro extremo del barrio.

Hace tiempo que la lluvia ácida nos obligó a reestructurar el planeta en niveles ocultos bajo la corteza terrestre; pero algunos nostálgicos echamos de menos los viejos tiempos y de manera furtiva nos aventuramos a salir a la superficie de vez en cuando. Precisamente regreso de una de mis visitas al exterior en estos momentos. Hoy no he encontrado fuera, nada digno de vender. Espero tener más éxito la próxima vez; sin embargo, cambiaré de itinerario.

Un estruendo a escasos pasos de mí indica un nuevo corrimiento de tierra. Estamos tan acostumbrados a ellos que ya no son noticia; ni los niños se asustan con la polvareda que se levanta. Si acaso alguna vez, se escucha la protesta de alguien que acaba de limpiar su módulo y tiene que recomenzar. Por supuesto no hay heridos ni daños materiales; al poco tiempo de instalarnos en el subsuelo, descubrimos materiales de construcción mucho más flexibles que se amoldan por sí mismos a la forma del terreno. Todo un hallazgo para una sociedad obligada a vivir en estas condiciones. Contamos además a nuestro favor con la sobreexplotación que se hizo en su día de los principales minerales del subsuelo y del petróleo, con lo cual el terreno no es tan nocivo como cabía esperar.

Llego al jardín artificial de mi fracción habitable y un pequeño animalillo medio ciego y casi sin fuerzas se aproxima, dándome la bienvenida. Es mi fiel Huppel que olfatea y corretea dichoso alrededor, pidiendo caricias, atención o algún regalo. Entramos en la casa. Retiro la mascarilla de mi boca y el aire se activa en el edificio; su olor al principio resultaba molesto, pero con el tiempo uno se acostumbra. Los humanos hemos tenido más suerte que los pobres animales como Huppel que han perdido incluso su apariencia original, por adaptarse al nuevo medio. Poco tienen que ver las especies actuales con las que poblaban la superficie antes del Cataclismo: la inmensa mayoría pereció en aquél, y otras a fuerza de evolucionar nada se asemejan a lo que fueron antaño. Los humanos en cambio, es como si no hubiésemos aprendido nada de lo sucedido en los últimos cuarenta años: continuamos matando y robando por cualquier motivo, trivial o no. Si antes el poder y el dinero abrían todas las puertas, ahora el oxígeno puro sirve como moneda de cambio en los negocios más turbios.

Me dirijo hacia el habitáculo de la cocina. Mi asistente domótico ha preparado ya la comida. Hay verduras; desde luego no son comparables a las que disfrutábamos en la superficie, pero hay que conformarse. Huppel en el suelo come su carne enriquecida con oligoelementos. Decido conectar la realidad virtual de mis gafas en lugar de las noticias; así disfruto de un maravilloso paisaje otoñal mientras como, para que esta penosa copia de hortalizas no resulte tan insulsa.

El descanso se interrumpe bruscamente; el dispositivo implantado en mi cabeza detecta en el exterior el ruido de una trifulca y de inmediato mis sentidos se ponen alerta. Apago mis gafas. A continuación se suceden sirenas de todo tipo de vehículos de asistencia para acudir al lugar. Intuyo que van al cruce con la calle 13, lindando con el barrio mal llamado Santón que se encuentra dos estratos por debajo del nuestro (al cual sólo se puede descender atravesando nuestro sector), y que es mucho más conflictivo y ruidoso.

No me equivoco, pero desearía haberlo hecho; pues en cuanto me asomo un sinfín de escenas calamitosas y grotescas desfilan ante mis ojos sin poder hacer nada por los infelices. Los servicios de seguridad y los sanitarios no dan abasto. El distrito se convierte en una carnicería. Despojos humanos se mezclan en el asfalto y los supervivientes compiten maltrechos en el suelo por captar el poco oxígeno que pueden robar de las mascarillas de los caídos. La situación me desborda. 

Corro aterrado sin dirección, cegado por la humareda que indica el origen de todo el desastre. A mi memoria acuden los recuerdos de aquel lejano desastre que nos encerró bajo tierra. Mis ojos lloran por el esfuerzo al que estoy sometiendo a mis pulmones y por el miedo. Una de las pancartas de los agitadores me distrae: “Todo es un engaño de nuestro gobierno”, reza. Algo me golpea y caigo inconsciente al suelo.

Horas más tarde recupero la consciencia. Una voz femenina bastante lograda para ser de androide, vela por mí con el mimo de una madre; lo extraño es que noto el sol acariciando mis mejillas y el aire resulta más liviano y saludable de lo habitual. “No se preocupe”, me dice: “Ya está a salvo. Los insurgentes han sido detenidos. En cuanto se recupere podrá regresar a su subnivel; la superficie no es lugar seguro para los humanos”. Sobre su pecho izquierdo veo un emblema similar al de nuestro gobierno, un semiholograma en tres dimensiones. Según cómo incida la luz sobre él, la imagen cambia y se puede leer: “Abajo la escoria humana”. Entonces comprendo: el Cataclismo fue la excusa de nuestros gobiernos para disfrutar de la superficie del planeta a espaldas de los ciudadanos. Dejándose embaucar por la aparente sumisión de los robots, ahora ellos mismos cuentan con tantos injertos en sus cuerpos que a duras penas se podría identificar a un autómata de un hombre biónico… Las máquinas nos dominan.

11 comentarios:

*Sechat* dijo...

Participo con este relato en el decimotercer reto general del foro de Nuncajamás. Espero de veras que os guste, aunque no gane, porque me ha supuesto un gran esfuerzo escribir un relato de C.Ficción. Poco a poco me voy aficionando a ese género, pero me resulta un poco difícil. En fin, un abrazo.

RMR dijo...

Buen relato!! saludos!

*Sechat* dijo...

Gracias RMR. Un placer que te haya gustado, porque a pesar de lo que cuesta, siempre disfruto escribiendo. Un abrazo.

Nihilista dijo...

Entretenido el relato. Una vez escribí algo parecido y cuando ví, tiempo después, la película "La Isla" pensé: ahora mi historia parece menos original, ¡pero a mí se me ocurrió antes!

Esther dijo...

Hola, Sechat:

Me parece muy original tu relato y como siempre muy bien llevado :) ¡Genial! :)

Saluditos.

Metalsaurio dijo...

Buena historia!

la constante ameneza de las máquinas! :)

es muy posible que en algún momento se plantee el debate de qué nos separa de las máquinas (tema ya tratado en Blade Runner. Hay una serie -empieza muy bien pero luego se les escapa de las manos- que se llama Ergo Proxy que tambien toca este tema: algunos robots se infectaban con el "virus cogito" un sucedáneo de alma. Y en la peli Vexile...son los humanos los robotizados...)

Ahí te quedan unas cuantas recomendaciones, jeje :)

Un saludo!

*Sechat* dijo...

Nihilista: Ante todo bienvenido. Es un placer tener gente nueva por aquí. Me alegra que cuando menos, mi relato te haya resultado entretenido. Como ya digo es un género en el que aún no me siento cómoda. Un abrazo.

*Sechat* dijo...

Esther: Gracias de corazón. Contigo no es fácil ser exigente, porque siempre te agrada lo que escribo y eso puede ser arma de doble filo para el esfuerzo ji,ji. Un besote.

*Sechat* dijo...

Metalsaurio: He de pedirte perdón como al resto. Creía haberos contestado a todos y hoy me encuentro con que no es así. :( Tomo nota de tus recomendaciones y prometo leer esos títulos que sugieres, aunque confieso que ahora estoy en una época de poca pasión lectora. Un abrazo.

Metalsaurio dijo...

No hay problema :) En realidad, son películas (Blade Runner y Vexile) y una serie (Ergo Proxy).

Si no te apetece leer, es buen momento para que las veas, jeje!

*Sechat* dijo...

Gracias Metal, quizá me anime a verlas en Semana Santa. Un abrazo.