11 septiembre 2010

MUNDOS SUBTERRÁNEOS. PRIMERA ESTACIÓN

Sigo retándome a mí misma y me he embarcado en una nueva aventura a través de un foro literario que se llama "Travesía literaria". Éste es mi primer paso por allí: una historia que espero poder continuar.

SUSANA

A menudo los recuerdos duelen más que los golpes y escarban en nuestro interior sin pedir permiso; entonces, a modo de respuesta, la piel se retuerce en un escalofrío incontrolable que nos domina.

Susana llevaba años tratando de huir de su pasado, compitiendo día tras día por ganar la batalla. Tras la barra de la única taberna del pueblo, creía haberlo conseguido. Pero de vez en cuando la pesadez de los recuerdos se cernía sobre ella, y en este caso la puerta se había abierto con la canción Brown Eyed Girl de Van Morrison. Trató de autoconvencerse de que aquellas lágrimas eran consecuencia de la cebolla; pero ella sabía la verdad.

Llegó a allí por carretera, estaba empezando a oscurecer y la niebla no se había despejado todavía cuando su coche decidió pararse definitivamente en medio de la nada, no quedándole más remedio que pasar allí la noche. Siendo viernes, como mínimo no tendría el automóvil disponible hasta el lunes y ello suponiendo que la avería no resultara demasiado grave. La reparación llevó mucho más tiempo de lo esperado inicialmente y como necesitaba empezar de cero, consideró que aquel rincón apartado en medio de la nada, podría ser tan buen punto de partida como cualquier otro. El cartel de “Se busca camarera” fue una más de las señales que le incitaron a decidirse.

Morrison desde la radio, insistía en hacer balance de su vida y la de esa chica de ojos marrones de la que algún día había estado enamorado: Hawai y Jamaica parecían más cercanos con esa música de fondo; sin embargo al desmenuzar la letra de la canción la melancolía desafiaba a esa vitalidad fingida; no dejaba de ser contradictorio. Mientras, en las mesas, estaban los de siempre: Bernardo, el hijo del panadero; Santiago, el cura; Pablo, el bibliotecario y algunos pescadores (la veda se había abierto hacía un par de días y el pueblo parecía un hervidero de coches y de gente). 

Para Susana el cambio de la ciudad al campo no había sido del todo traumático, aunque sí era el trueque más valiente que había hecho jamás. 

Se le hacía agradable andar por las pequeñas calles y que todo el mundo se saludara por el nombre. Allí el tiempo viajaba a un ritmo distinto a como lo hacía en otros lugares y le fue más fácil habituarse de lo que cabría pensar inicialmente. Lo más insólito para ella fue que las mujeres casi nunca pisaran el bar: en una ley no escrita, se establecía que aquel era terreno sólo para hombres. Ella era pues, una privilegiada, exenta al menos en parte, de ese machismo.
 



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5 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece un muy buen empiece para una historia genial. Se puede hacer un relato más largo o novela, cuántas grandes novelas empiezan con menos.
Besitos de los 3 desde Fuenla

*Sechat* dijo...

Tenía ganas desde hace tiempo de intentar algo sobre un pueblo y sus vecinos. Ésta es la primera parte de esa historia. Besos.

*Sechat* dijo...

Por cierto, la mención de esa canción es porque una de las premisas del texto era elegir una canción de un listado (yo seleccioné ésta) e introducirla en el relato. Besos.

Tropiezos y trapecios dijo...

Y yo no sé porqué, primero leí la segunda parte y luego esta.

No importa mucho porque puede considerarse un flashback, muchas películas lo hacen y siempre quedan bien. En todo caso y volviendo al texto: me ha gustado. No sé porqué esta historia me recuerdas ciertos trazos de vivencias que me hacen torcer el morro, aunque también sonreír...

Si hay más partes, me gustará descubrir en que termina todo.

Un saludo.

Oski.

*Sechat* dijo...

Gracias, Oski, por unirte al viaje de estas dos mujeres. Espero que te emocionen y que disfrutes con ellas y el resto de personajes.

Un besote.