31 octubre 2010

MARIPOSAS Y GUSANOS

En el taller literario al que asisto los jueves, se nos proponía hace dos semanas, crear un relato con la técnica de "la caja china" que consiste en integrar una historia en el interior de otra, pero además se nos exigía que se partiera desde el final de la historia principal. Espero haber logrado el objetivo y que os guste.


MARIPOSAS Y GUSANOS
Desde el incendio su rostro se había convertido en la antítesis de la belleza: de mariposa había pasado a ser gusano. Aquella mueca permanente de enfado, que había quedado grabada a fuego sobre su piel en la comisura de los labios, acrecentaba aún más esa sensación.
(***)
            Todo parecía normal en el backstage: los típicos retoques de última hora en algunos vestidos; falsos elogios a las creaciones de diseñadores rivales; alocadas carreras de las modelos por los pasillos; negativas de la Organización a aceptar maniquíes con tallas menores a la 38…
            En la zona de maquillaje, una hilera interminable de mujeres hermosas se contemplaba en enormes espejos, sacándose, malhumorada, imperceptibles defectos en rostro o cabello, y ante cualquier queja de una de esas bellezas todo un elenco de peluqueros y maquilladores acudía como mendigos a la puerta de una iglesia, para congratularse con la pretenciosa diva.
            A escasos metros, algunos de los agentes de aquellas deseadas chicas, negociaban contratos para sus representadas a través de los sofisticados manos libres de sus móviles.
(***)
El Dr. Anderson, aclamado cirujano, se enfrentaba con su equipo médico a una de las operaciones más complicadas de cirugía estética, que se habían hecho jamás. Sabía que medio mundo estaba a la expectativa del primer parte médico que se diera tras la intervención, y aunque comprendía la incertidumbre creada por el asunto, no compartía la vertiente sensacionalista que se estaba dando a la noticia por parte de algunos medios. Se sentía obligado a aislar a su paciente de todo aquel embrollo mediático.
            Por eso había dejado precisamente su puesto en la clínica de Florida, tras tantos años al frente de la directiva. No quería ser el instrumento de las villanías que actrices y modelos cometían contra sí mismas por ganar la batalla a las arrugas o por remontar sus carreras, en un mundo en que la juventud y la belleza son los únicos valores siempre en alza.
(***)
Julia se retrasaba más de lo habitual para participar en el desfile (una gala benéfica que como excepción se celebraba de noche); la joven no tenía con quién dejar a Daniel, pues la canguro habitual había sufrido un percance en un tobillo a última hora. Madre e hijo se encontraban ahora en un taxi camino de la casa de los padres de ella (a 18 kilómetros del pequeño apartamento y a 23 del lugar del desfile). El retraso era más que evidente, tanto que Tommy, su representante, renunció al cargo en el mismo instante en que ella le llamó por teléfono explicándole el motivo de su tardanza; “Ésta es la última vez que colaboramos, Julia. Dese hoy cada uno irá por su lado”, le respondió exasperado colgando sin posibilidad de réplica.
            La chica preocupada, insistió por varias veces en hablar con él tratando de acercar posturas, pero éste no cogía el teléfono, y comprendió demasiado tarde que definitivamente no podría hacer aquel trabajo: con las prisas había dejado olvidada en la nevera la insulina de Daniel, y sus padres tampoco tenían ninguna dosis de reserva en casa. Realmente alterada ante tanta contrariedad, exhortó al taxista a que rectificase la ruta inicial y regresaran de nuevo al punto de partida. El hombre protestó (eran fechas especiales y deseaba terminar el turno para reunirse cuanto antes con su mujer, hijos y nietos). El hombre, agotado, miró por el retrovisor decidido a negarse, pero la angustia de la mujer le pudo e hizo lo que se le pedía.
            Julia fumaba un cigarro tras otro, y cada pocas caladas llamaba a Tommy. Invariablemente saltaba la consabida locución monocorde del teleoperador: “el móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura en este momento.” ¡Detestaba todo aquello! Por un instante deseó hacer borrón y cuenta nueva… pasar a llevar una vida más anónima.
            Transcurrido lo que pareció una eternidad, el taxista le indicó que habían llegado. Ella le instó a que aguardase unos minutos. Entró apresurada en la vivienda con su octavo cigarrillo ya prendido en la mano. No se percató del olor a gas en el interior.







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2 comentarios:

Anónimo dijo...

No sé cómo suelen ser los relatos de "caja china" (y segurmanete alguno hallamos leído en estos años), pero este está muy muy bien. Una historia con gancho.
Besitos de los 3

*Sechat* dijo...

¡Hola Mo!: es una técnica muy usada, también se llama de "las muñecas rusas" por aquello de que es un compendio de historias integradas dentro unas de otras, supongo que inconscientemente lo he usado alguna vez con anterioridad en mis escritos, pero hasta ahora no sabía su nombre. Me alegra saber que te ha gustado este relatillo. Un besazo, a ver si te llamo y hablamos.