31 octubre 2010

MI TARJETA DE PRESENTACIÓN: UNA LOCA A QUIEN LE GUSTA ESCRIBIR. ¡DÉJENME TRANQUILA!

Como ejercicio para el taller, esta semana pasada la profesora nos proponía hablar del cómo y el porqué escribimos. Un tema recurrente y clásico entre los clásicos, pero de lo más complicado cuando uno se pone manos a la obra para desgranar su alma.

MI TARJETA DE PRESENTACIÓN: UNA LOCA A QUIEN LE GUSTA ESCRIBIR. ¡DÉJENME TRANQUILA!

Supe que quería ser escritora, si es que alguna vez se alcanza tal título honorífico, a los nueve años.

            En el colegio hacía poco que habíamos pasado de hojas sueltas a los cómodos y benditos cuadernos y sobre todo al manejo del bolígrafo. Con él en la mano no podía por menos que lucir mi pequeña letra pulga, justo a la medida de cada cuadrícula del cuaderno grande milimetrado, azul marca Ancla, que me había regalado mi madre. Sospecho que ella hizo aquella compra con la intención de que allí hiciera mis deberes de lenguaje; yo en cambio, con mi espíritu rebelde en ciernes (basta que ella diga blanco, para que yo diga negro) opté por convertirlo en el boceto de un libro que nunca publiqué, pero del que más orgullosa me siento.

            Escribir para mí es con una droga: cuanto más escribo más me obsesiona. En la escritura saco simultáneamente lo mejor y lo peor de mí. Mi lado oscuro: en historias tenebrosas pretendiendo inspirar miedo; mi afán de perfeccionismo para conmigo misma y todo lo que emprendo (por eso leo y releo millones de veces mis relatos y poemas sin sentirme jamás satisfecha al cien por cien). Y dejo entrever también, con cierto disimulo, mi parte más tímida, inocente y candorosa, ésa que me obliga al ostracismo previo más absoluto permitiéndome viajar libremente entre mis ideas o pensamientos, para luego plasmarlos en papel y desnudar mi alma. La escritura me da toda esa libertad. Mis manuscritos podrían pasar de grafólogo en grafólogo y encontrarían en mí una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hide (eso si consiguiesen descifrar mis intrincadas anotaciones).  Supongo que mis gafas y el acné al que continúo abonada aún a mis treintaicuatro años, y que debería estar relegado a un baúl de recuerdos bajo siete llaves en una profunda mazmorra de mi epidermis, ayudan a mi imagen de ser raro y un tanto antisocial. ¡No me importa! De ese modo ya tengo coartada para jugar a ser poeta sin versos; a matar dragones; a ser un asesino en serie o una cariñosa ancianita que sueña con llevar vida de porno-star.  

            ¿Quién sabe? Algún día quizá me decida a resucitar a mi querido “Manitas de cristal” (el ratón pianista de aquel primer cuento) y consiga mi sueño de considerarlo enteramente perfecto, sin necesidad de retoques. Entretanto, seguiré ensayando en el laboratorio de mi casa; en la librería; durante mis múltiples noches de insomnio, y por supuesto en mis escasos momentos de sueño (porque soy de quienes duermen pensando en un relato y sus personajes). 

            A menudo pienso que soy como Obélix y que como él, caí en alguna suerte de marmita creativa de cuyo hechizo no podré librarme hasta que me muera. Lo sé: soy escritodependiente.

 



Si te gusta lo que lees aquí, disfrútalo por favor desde el blog, pero no lo copies. Puedes leer más escritos míos en mi otra bitácora: www.mimundomiburbuja.blogspot.com Respeta mi propiedad intelectual. Gracias.

5 comentarios:

Montxu dijo...

Simpática presentación, me ha gustado. En mi caso he sido de afición tardía, apenas tres años atrás justo cuándo me quedé en paro. Si bien es cierto que en sueños he imaginado mundos realmente fantásticos.....

Muxu hogei

Anónimo dijo...

¡Me encanta! Aquí sí que desnudas tu alma, no sé si por el tono biográfico que toma o porque cuentas directamente las cosas que, a lo mejor, de otro modo no dirías.
Es como ver tu alma. Me ha gustado mucho.
Gracias por compartirlo con tod@s.
Besos de los 3

*Sechat* dijo...

¡Hola Montxu!: lo que cuento no es del todo real, pues la fecha en que inicié ese cuaderno fue a los doce años, pero aseguro que el resto es verídico 100%.

No importa cuánto se tarde en iniciar la andadura, sino disfrutar del camino. Un besazo.

*Sechat* dijo...

Gracias, Mo, la pretensión precisamente era ésa: crear la sensación de estar contando una biografía. Prometo que salvo lo de la edad, todo lo demás es auténtico. Un besazo.

P.D.: Gracias. Significa mucho para mí, que te guste especialmente este escrito, pues como bien dices, es muy personal e íntimo.

Carmela dijo...

Yo aún comencé más tarde. Aún no sé el porqué ni el como surgió.
El caso es que ahí tengo mi espacio desde hace 21 meses...
Nunca se sabe los caminos que vamos a recorrer, nunca.
Un biquiño muy grande.