20 febrero 2011

HISTORIAS DE BESOS

Estos dos textos surgieron el jueves en la clase del taller literario al que asisto. El tema: los besos. Espero que os gusten.Por cierto, ninguno de ambos tiene título.No se me ocurría nada.
Cada día trepaba desde el suelo con la agilidad de un mono, a la misma palmera. Bajo su peso las ramas le hacían hueco como si se tratase de una más de ellas o de un coco. Lo que no sabían, quizá él al comienzo tampoco, es que seguía esa rutina para divisar antes que nadie la boca de la chica que le cautivara.

Trepaba hasta lo alto, incluso cuando el monzón tocaba la playa en toda su furia. La tarde que la conoció la lluvia y el viento eran tan intensos que acabó cayendo al suelo. Perdió la vista casi de inmediato, pero el cielo fue piadoso con él y le concedió el tiempo suficiente para descubrir el azul intenso de los ojos más maravillosos con los que se había cruzado jamás, y aunque no tuvo tiempo de descubrir aquel día la boca tan deseada, ella con todos los besos que le ha regalado desde entonces, ha cumplido con creces todos sus sueños de niño.

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Era un alma solitaria , de rostro cetrino y corazón encallado en el pasado, según demostraban sus ropas. Acostumbraba a sentarse en la mesa más apartada del bar y tomaba un café solo y sin azúcar. Cuando encontraba su rincón ocupado, marchaba cabizbajo.

Fuere como fuere, la mayoría de las veces los dueños del local hacían respetar su sitio, quizá por compasión, quizá por lástima, quizá por gratitud a un cliente tan leal. Entre ellos le llamaban Dante, por lo lejos que parecía su actitud de la picardía de la Divina Comedia.

Se pasaba las horas muertas recolectando servilletas de papel semiusadas y escribía en ellas sin descanso... puede que poemas, puede que sólo ideas inconexas, garabatos o cuentas ¿quién sabe?

Conscientes de su gran afición, y con la mejor de las intenciones, decidieron colocar discretamente en aquella mesa una servilleta doblada, con la marca carmín de un beso. No volvió a ser el mismo desde entonces.

Ahora se le oye canturrear y regala versos a cambio de una sonrisa. Los días en que se siente más valiente los regala a cambio de la marca de carmín en una de sus queridas servilletas.

Si te gusta lo que lees aquí, disfrútalo por favor desde el blog, pero no lo copies. Puedes leer más escritos míos en mi otra bitácora: www.mimundomiburbuja.blogspot.com Respeta mi propiedad intelectual. Gracias.

4 comentarios:

Carmela dijo...

Te pido perdón por teneros un poco abandonados.
Pronto estaré más aquí.
Biquiños.

ricardo granda dijo...

hola, muy buen relato! la verdad que me gustó bastante. Te invito a que te pases por mi blog Cuentos Urbanos.Mi estilo es diferente, pero espero te guste.

Saludos,
Ricardo

Esther dijo...

Qué pillín, el último pero, algunos, con poco pueden ser aún felices.

Saluditos.

Maat dijo...

Qué bueno eso de un taller literario! Yo he estado a punto de meterme en uno de Santander, pero me coincidía con las clases de yoga :(

Un abrazo :)