13 junio 2011

HISTORIAS DE UN CUADRO


En la pared un único cuadro adornaba la estancia. Al principio el emplazamiento de aquella obra se había elegido de forma casual, luego pasó a ser el punto definitivo para aquella insólita y turbadora pintura.


La sala en cuestión recibía pocas visitas y los visitantes permanecían allí por muy poco tiempo, apenas unos instantes. "La estancia resulta fría y húmeda", decían unos; "es un sitio inhóspito y poco acogedor", comentaban otros, y sobre la pintura todos coincidían: "es aterradora". Sin duda, era un lugar desapacible, deficientemente iluminado; pero aquel cuadro era un regalo personal de un importante banquero de la ciudad al museo, y por temor a que se les retirase el crédito, los directivos de la pinacoteca prefirieron colgarlo allí.



Por un tiempo estuvo colgado en uno de los despachos principales del imponente edificio, pero el presidente, ocupante de aquel despacho, no se sentía cómodo con ese cuadro a su espalda y al final lo trasladó a la sala ya mencionada. 



Entre los empleados circulaba un rumor sobre el origen de aquel cuadro y la desafortunada historia del joven y malogrado artista que lo dio vida, pero no había modo de confirmar qué había de real o de inventado en todo aquello. Sea como sea, incluso los vigilantes nocturnos evitaban pasar por la estancia durante sus paseos rutinarios.



A los seis años de la llegada del cuadro a aquel lugar, el generoso donante manifestó su deseo de ver nuevamente la obra cedida. Durante la semana precedente todo fueron arreglos y retoques en la sala, para crear una atmósfera lo más acorde a la representación que figuraba en el lienzo. Hubo varios accidentes laborales de cierto dramatismo durante la pequeña reforma, pero al final la sala se reabrió en la fecha acordada.



Llegado el momento, el orgulloso banquero salió plenamente complacido de su visita. El frío y la soledad que emanaban de aquellas cuatro paredes, y en particular del muro donde estaba su queridísimo cuadro, plasmaban a la perfección el espíritu afligido del personaje principal de la pintura y de los trágicos momentos personales que vivió el autor al crear aquella imagen. 



Seis meses después el banquero murió de forma inesperada. En el mismo momento en que el museo tuvo noticia del fallecimiento, el óleo cayó al suelo hecho añicos. En el único fragmento intacto que permaneció adherido al marco se podía leer por detrás, una extraña inscripción en caracteres arábigos, invocando al diablo.



Hoy el marco de esa pintura ocupa la sala número seiscientos sesenta y seis: la más visitada del museo.







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2 comentarios:

*Sechat* dijo...

En el foro de Nuncajamás, se invita a los participantes a crear un relato o poema a partir de una imagen. Ésta es mi propuesta para esta fotografía. Un poco inquietante, tal vez... Besos.

*Sechat* dijo...

Lo he escrito de seguido y apenas sin repasarlo, pero es que llevaba demasiadas semanas con ganas de escribir algo a partir de esa imagen. Besos.